Cuando los gatos empiezan a rechazar la comida, nosotros, los dueños, nos preocupamos. Sin embargo, si nuestros pequeños gatos se muestran reacios a comer de vez en cuando, no siempre es motivo de alarma; esto puede deberse a diferentes razones. En medicina veterinaria, cuando un gato no quiere comer, se habla de inapetencia o anorexia.
Si pasa unas horas sin comer, no suele significar nada grave ―puede que simplemente no tenga hambre en ese momento―. No obstante, hay que estar alerta: si un gato pasa más de 24 horas sin comer, puede tener una enfermedad y esta puede afectar sus órganos internos. Conviene investigar la causa de la falta de apetito de un gato, ¿quizá sea un gato exigente, o exista un problema subyacente más grave? Aquí te mostramos 10 posibles razones por las que tu gato no quiere comer.

Una de las razones más comunes por las que tu gato no come (temporalmente) es que simplemente no tiene hambre o ya la ha saciado en otro lugar. En el caso de los gatos de interior, tú, como dueño, sueles tener el control sobre cuándo y dónde come tu gato, y puedes asegurarte de que no picotee en ningún otro sitio. Demasiadas golosinas también saciarán su apetito. Por tanto, debes comprobar cuánto se está alimentando al gato «entre horas».
Si tu gato pasa mucho tiempo en zonas de exterior o campa a sus anchas, no es tan fácil controlar la cantidad de comida que ingiere. Es posible que haya comido ratones, pájaros o la comida de otros gatos en exterior y simplemente esté lleno.
Si estás seguro de que tu gato no está enfermo y no ha saciado su hambre en otra parte, la pérdida de apetito podría estar relacionada con su alimentación.
Otras posibles razones:
• Falta de frescura (si la comida ha estado fuera mucho tiempo, o incluso a temperaturas cálidas, es posible que a tu gato ya no le guste).
• Alimentos nuevos y desconocidos
• Alimentos en mal estado
• Consistencia desagradable
• Sobresaturación (cuando tu gato simplemente se cansa de la comida después de mucho tiempo)
Las intolerancias alimentarias en los gatos son razones comunes para negarse a comer. Los gatos no comerán si son sensibles o alérgicos a algún ingrediente. En la mayoría de los casos, las alergias e intolerancias están relacionadas con determinadas fuentes de proteínas de los alimentos. Suelen ser carnes conocidas como la ternera, el pollo o el pavo, pero también pueden incluir ciertos cereales. Si tu gato no digiere estos alimentos, el resultado serán vómitos, diarrea y malestar. Una vez identificada la comida que no le gusta al gato, deberás elegir un alimento que no contenga la fuente de proteínas incompatible. ¿Tu gato no tolera las aves de corral? En ese caso, prueba con ternera o pescado. Los gatos con estómagos especialmente sensibles o intolerancias múltiples pueden beneficiarse del cambio a un alimento hipoalergénico o sensible. Asegúrate de llevar a tu gato al veterinario para descubrir la raíz del problema.

Todo el mundo sabe que los problemas dentales son desagradables y dolorosos.
Los gatos también pueden padecer dolor dental o bucal por diversos motivos (ausencia de dientes, cambio de dientes, sarro, inflamación, etc.).
Los dientes doloridos suelen provocar que el gato no coma. Por este motivo, debes asegurarte de que tu gato tiene una higiene bucal adecuada y unos dientes sanos, y acudir al veterinario si sospechas que tiene dolor de muelas.
El proceso de envejecimiento es algo a lo que nadie puede escapar, ni siquiera nuestros queridos gatitos. Cuantos más años tenga el gato, menos energía necesitará. La digestión también se ralentiza, por lo que no es raro que los gatos mayores simplemente tengan menos hambre. Un gato anciano ya no puede ingerir las mismas raciones que cuando era más joven y, por lo tanto, se contenta con tomar varias raciones pequeñas a intervalos a lo largo del día.
Por desgracia, es posible que la falta de apetito de tu gato sea un signo de una enfermedad grave. Si has podido descartar todas las razones mencionadas hasta ahora y tu gato sigue sin comer, debes dejar que un veterinario compruebe la salud de sus órganos internos. Puede realizarse mediante análisis de sangre, heces y orina, o mediante ecografía. Debes actuar con rapidez, sobre todo si aparecen síntomas adicionales como apatía, náuseas, dolor o diarrea. Las siguientes enfermedades, entre otras, pueden hacer que tu gato deje de comer:
• Inflamaciones (por ejemplo, inflamación del estómago, gastritis, inflamación intestinal o pancreatitis)
• Tumores
• Trastornos metabólicos (por ejemplo, enfermedades renales, biliares y hepáticas)
Una razón frecuente por la que los gatos no comen es que su sistema inmunitario está luchando contra una infección. Las infecciones pueden estar causadas por virus, bacterias y también parásitos. La lucha contra la infección suele ir acompañada de síntomas de resfriado o gripe, como:
• Agotamiento
• Problemas digestivos (dolor abdominal, vómitos, diarrea)
• Fiebre
• Sed extrema
• Apatía
• Deterioro del sentido del olfato y del gusto
• Pérdida de apetito
Especialmente una infestación de parásitos (por ejemplo, gusanos) suele provocar un cierto malestar, que hace que tu gato no se alimente correctamente.
Como siempre: si notas síntomas de enfermedad, pérdida de peso o incluso fiebre en tu gato, debes consultar inmediatamente a un veterinario.

Especialmente los gatos de exterior pueden convertirse en víctimas de cebos envenenados u otras formas de envenenamiento. Si tu gato está envenenado, dejará de tocar su propia comida y mostrará signos claros de envenenamiento (vómitos, dolor, desorientación, mareos, shock). No es infrecuente que la intoxicación sea potencialmente mortal, por lo que debe ser tratada por un veterinario lo antes posible.
El miedo, el estrés, los cambios hormonales y el estrés psicológico suelen hacer que los gatos ignoren su cuenco de comida. El estrés psicológico de un gato es una cuestión muy individual. A algunos, incluso un cambio de comida les provoca puro estrés. A otros les asustan los ruidos fuertes o los niños en casa. Incluso, las gatas embarazadas o lactantes pueden dejar de comer ocasionalmente cuando sus hormonas se descontrolan.
Las siguientes circunstancias vitales pueden causar estrés en los gatos:
• Visitas al veterinario y operaciones
• Convivencia y conflictos con otros gatos
• Mudanza a una nueva casa
• Soledad
• Pérdida de orientación en entornos desconocidos
• Duelo (por ejemplo, por un cuidador u otro gato)
• Embarazo y parto
Por desgracia, hay veces en que los gatos «aprenden» a rechazar la comida. Esta aversión se produce cuando el gatito asocia la comida con algo negativo. En tal caso, es útil alimentar al gato con la mano y mostrar mucha paciencia. Pueden pasar de 3 a 4 semanas antes de que el gato vuelva a asociar la comida con algo positivo.
Para que tu gato vuelva a comer con apetito y sin preocupaciones, debes proporcionarle suficiente tranquilidad y un lugar donde retirarse. Una rutina diaria regular y un trato cariñoso también le proporcionarán seguridad y armonía mental.

Por último, las enfermedades, infecciones o intoxicaciones no son necesariamente la causa de que el gato no coma. Muchos gatos suelen considerarse quisquillosos con la comida. Pueden aburrirse rápidamente de la comida, así que puedes introducir variedad en el bol de vez en cuando. Las fuentes de proteínas alternativas, los aceites nuevos o las adiciones sabrosas desconocidas estimulan el apetito del gato. En caso de duda, un cambio de alimentación también puede ayudar. Recuerda, sin embargo, que cambiar de comida con demasiada frecuencia no es bueno para el gato.
En general, no hay que preocuparse demasiado si el gato no come durante unas horas. No obstante, debes vigilar de cerca a tu gato para poder reaccionar si aparecen nuevos síntomas. Si el gato no come durante un largo periodo de tiempo, debes consultar al veterinario lo antes posible. Un periodo de ayuno excesivamente largo puede tener un efecto negativo en la vitalidad del gato. Para llegar a la raíz de la causa real de la pérdida de apetito, el veterinario puede realizar análisis de sangre, heces, radiografías y ecografías, así como iniciar el tratamiento adecuado. Si las constantes vitales de tu mascota son buenas, quizá merezca la pena plantearse un cambio de alimentación o incluir un poco más de variedad en las comidas.